6 de octubre de 2019

Amparo Bojórquez

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BTS, el grupo surcoreano conformado por siete jóvenes, es el mayor fenómeno de la industria, pero el mundo parece no querer creerlo.

Más específicamente, la última decepción para los fans de la banda surgió tras la salida del artículo de la revista The Hollywood Reporter, escrito por el blogger Seth Abramovitch, a quien le concedieron una entrevista particular con los miembros de la banda. Entre otros desaciertos, el autor malinterpreta palabras coreanas, los presenta como una novedad exótica y se deja llevar por estereotipos que rayan desde la ignorancia hasta el insulto al compararlos, desde un producto manufacturado hasta con animales.

Más allá del desastre de un mal artículo individual, los múltiples fallos de la prensa estadounidense y en general la occidental al tratar de retratar a BTS revelan prejuicios que plagan los medios, guiados por una visión masculina y centrada en Estados Unidos, incluso fuera del país.

¿De dónde vienen estos prejuicios?

La música pop: la más taquillera y a la vez más odiada por las masas. Los llamados boybands, grupos musicales de chicos jóvenes que suelen atraer mayormente atención de mujeres en edades entre 12 y 25, han sido siempre uno de los mayores blancos de críticas.

Tan sólo basta con recordar a los Beatles y la Beatlemanía, que en su época inspiraron artículo tras artículo hablando del poco valor de sus letras y de sus fanáticas obsesivas, hasta que el tiempo y críticos les “otorgaron” el valor cultural de la banda más grande de todos los tiempos.

Sin duda este desdén se maximiza al tratarse de otro concepto incluso más ajeno que el de una banda inglesa, divididos por una de las barreras más antiguas de todos los tiempos: el idioma.

La perspectiva del mundo de habla inglesa se extiende más allá de la música. Estados Unidos y en menor medida los países angloparlantes son el foco del mundo en política, cultura, problemáticas y por supuesto la música.

BTS debutó en el año 2013, y su fama ha crecido exponencialmente desde entonces, desde ser novatos provenientes de una compañía diminuta hasta vender por completo las entradas de sus conciertos en los estadios más grandes del mundo (Rose Bowl, City Field), siendo nominados y ganando premios importantes (Billboard, Grammy’s) tanto a nivel banda como en proyectos individuales y en cifras, incluso llegando a influir como un factor importante en la economía de su país con 4.65 mil millones del PIB de Corea del Sur entre turismo y productos.

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El éxito generalizado de una boyband en el extranjero que canta más del 80% de sus letras en otro idioma, e incluso en el que la mayoría de sus miembros no domine el idioma parecía impensable hasta hace poco. Aunque no sean los primeros en lograrlo (Rammstein siendo el mayor ejemplo), BTS se encuentra en un punto al que pocos han accedido: el éxito en el mundo angloparlante sin formar parte de este.

Este impresionante éxito se podría argumentar que fue simplemente un conjunto de la combinación correcta en el momento correcto, un mundo donde las redes sociales y el internet globalizan la música. Pero también, es importante destacar el papel de los mismos integrantes de la banda, quienes producen, editan, componen la letra  e influyen en la coreografía, temática y productos finales.

Sin embargo la mezcla conjugada de muchos de los críticos de esta banda se centra entre comentarios que desprenden tintes misóginos, xenofóbicos y racistas; aunado a la incomprensión de un país que no fue hasta hace poco que empezó a figurar en el panorama cultural y la tendencia de devaluar todo aquello que disfrutan las mujeres jóvenes.

Mientras The Hollywood Reporter y otros medios se sigan enfocando en enmarcar a BTS en una noción caducada de lo que es el k-pop, el público seguirá viendo a la banda como una anomalía de la cultura popular y sin centrarse en las individualidades de los siete miembros, que efectivamente, siguen rompiendo  records de la industrial musical global, abriendo puertas para que otros artistas no angloparlantes puedan llegar a nuevas audiencias internacionales.

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