Amparo Bojórquez

24 de agosto de 2019

  • Facebook
  • Twitter
  • Gmail

by Mirelle Becerra

Camino por la ciudad, como tantas otras veces. El sol se va poniendo y con la oscuridad surgen las voces, las que me van culpando, las que nos han ense̱ado una y otra vez desde que en tu acta de nacimiento pusieron un tachecito junto al Sexo РFemenino.

No lleves tacones, pues no es fácil correr con estos.

No lleves ropa que enseñe brazos, ni busto, ni que sea muy corto.

No puedes tomar un taxi, ya no, después de la noticia de esta semana.

Envía las placas y no aceptes agua si tomas Uber.

Mantengo mis ojos abajo, mientras pasan a mi lado. A veces me pregunto si no debería alzar la vista y enfrentarme a cualquiera que se quiera pasar de listo.

Lo hago por los cinco minutos que le toman a un hombre sonreírme y decirme adiós, como si me conociera, mientras me recorre de arriba hacia abajo con su mirada.

No contesto, me falla la voz mientras apresuro el paso.

Por más que me inspiro en las que han encontrado su voz, aún no puedo contestar. Me aplasta la inseguridad, de que me diga otra cosa, que se detenga, que me haga algo peor que un cumplido de dobles intenciones.

 

Revisa que nadie te esté siguiendo.

Ten a la mano tu teléfono.

Piensa dos veces antes de confiar en la policía.

Vuelvo a bajar la vista, parece funcionar, siento una que otra mirada, pero no me vuelven a hablar.

El metro me representa más tomas de decisiones. Camino hacia el extremo derecho del andén, donde están los dos vagones de mujeres. Hay muchas otras ahí. El resto del andén está más vacío, y nuevamente compruebo que no entramos a los exclusivos por que estén más vacíos. Es porque, por más lleno que esté, lo preferimos a los arrimones o comentarios. Disminuye también la posibilidad de un simple robo.  Se los dejamos a ustedes mismos, pienso mientras veo las puertas abriéndose del vagón que acaba de llegar, tomo aire, y me empaco con el resto. Es distinto los días que debo ir en los vagones mixtos.

  • Facebook
  • Twitter
  • Gmail

by Mildred Camba.

Deja tu espalda contra la pared del vagón.

Quédate cerca de las puertas, o la palanca de emergencia.

Si te tocan, es difícil que alguien te vaya a defender, si no es indiferencia te llamarán antes mentirosa, escandalosa, que busca llamar la atención, ni que estuvieras tan buena…

Por suerte hoy no. Reviso mis mensajes en el metro aún. Todas o la mayoría de mujeres que conozco tienen una red de protección. Avísame si llegaste. Mándame tu ubicación. Dime con quién te quedas, por dónde vas, ¿todo bien?. A este profesor puedes hablarle. A este jefe mejor no. Por esta zona no pases. Si los viste, denuncia. Si la identificas, avisa.

Revisa que tienes las llaves a la mano para no tardar en abrir la puerta.

Cuando llego a mi casa, por fin, respiro. Hoy no pasó nada. Mañana, quién sabe.

Hay que seguir las reglas.

Comentarios con Facebook