Texto: Daniel Anaya

@danielanaya423

A pesar del silencio, de la violencia, de las amenazas, de todas las historias de injusticia y maltrato que escuchamos todos los días, siempre habrá gente dispuesta a luchar contigo hombro con hombro. No tengas miedo.

Esta es la historia de Daniel Pittet, quien en 1968 ten√≠a nueve a√Īos de edad y tuvo la desgracia de toparse con el padre Jo√ęl Allaz, quien lo viol√≥ durante cuatro a√Īos.

            Antes de enfrentarse con semejante brutalidad, Daniel ya había sobrevivido al intento de homicidio de su propio padre contra su madre, cuando Daniel estaba en el vientre.

            En la Suiza profundamente católica de aquel entonces, la razón siempre se la dieron al marido, quien argumentaba infidelidad por parte de su esposa.

La familia (abuela, madre e hijos) tuvieron que huir lejos del marido a otra ciudad, en donde algunos religiosos les ofrecieron su apoyo. Nunca se imaginaron que estarían huyendo de un infierno para llegar a otro.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† El padre Jo√ęl Allaz, carism√°tico, inteligente y muy estimado en su comunidad, tom√≥ bajo su supuesto cuidado a Daniel, con la absoluta aprobaci√≥n de su familia, profesores y otros miembros de la Iglesia. Jo√ęl abus√≥ del peque√Īo Daniel en su convento, en los ba√Īos de la escuela y en la casa de la familia del sacerdote, a donde iban en verano. A pesar de que varios notaron el comportamiento extra√Īo y bastante evidente en el sacerdote, nadie se atrevi√≥ a intervenir.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† No fue sino hasta que la t√≠a abuela de Daniel se dio cuenta del tiempo que pasaba el ni√Īo con el sacerdote que prohibi√≥ sus visitas. Los abusos terminaron en ese momento; no obstante, no se inici√≥ un proceso legal en su contra. Nadie se atrevi√≥ a denunciarlo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Daniel no habl√≥ de su experiencia hasta muchos a√Īos despu√©s, con un amigo que lo apoy√≥ incondicionalmente. A partir de entonces, comenz√≥ a conocer a mucha gente que pas√≥ por experiencias similares. Su propio valor alentaba a otros a hablar, a denunciar, a unirse.

            Gracias a esta red de amigos, a un complicado proceso terapéutico, a su esposa y a su propio ánimo para seguir adelante, Daniel encontró la fuerza para denunciar ante las autoridades eclesiásticas.

Jo√ęl no pod√≠a andar por ah√≠ suelto violando a m√°s y m√°s ni√Īos (se tuvo registro de al menos 150 ni√Īos v√≠ctimas de este hombre). La Iglesia deb√≠a responder. Daniel decidi√≥ hacer p√ļblico su caso y escribi√≥ el libro Lo perdono, padre. Sobrevivir a una infancia rota, contando su experiencia.

Lo hizo cuidando muy bien las palabras para que no hubiera ambig√ľedades, por brutales que fueran las descripciones. Es necesario hablar, decir las cosas tal cual son, para que se reconozcan y no se trivialice una vejaci√≥n de tal magnitud contra un ser humano.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† En este libro, Daniel expresa lo que sent√≠a, lo que pensaba, la forma de actuar del sacerdote cuando estaba a solas con √©l y c√≥mo se comportaba cuando estaba en p√ļblico.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Es importante estar atentos a todos los signos y cambios en el comportamiento de un ni√Īo, y de cualquier persona que pueda estar caus√°ndole cualquier tipo de abuso, pues muchas veces, como en este caso, basta con preguntar, pues de lo contrario el ni√Īo podr√≠a no atreverse o no saber c√≥mo hablar de una experiencia as√≠.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Tambi√©n es importante saber que despu√©s de semejante situaci√≥n de violencia, las v√≠ctimas pueden sufrir depresi√≥n, ansiedad o diversos trastornos de estr√©s postraum√°tico, por lo que hemos de acompa√Īarlos, escucharlos y comprender que este tipo de afecciones son graves; no se trata simplemente de ‚Äúestar tristes‚ÄĚ o ‚Äúenojados‚ÄĚ por lo que pas√≥. Se requiere un proceso, y si tenemos la oportunidad de ayudar, hemos de entregarnos por completo.

            Debo hacer hincapié en que el libro no trata de convencer al lector de que la fe es la respuesta para combatir este tipo de situaciones. Daniel Pittet pertenece a la comunidad católica, pero asegura que si perdonó a su violador fue para liberarse a sí mismo. También reconoce que no por tratarse de un sacerdote significa que todos sean pederastas. Asegura que muchos religiosos le ayudaron y jugaron un papel clave para su reconstrucción.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Daniel Pittet ha escrito este libro con el deseo de compartir su historia, de concientizar, de hablar desde la experiencia para todas aquellas v√≠ctimas que se sienten solos, que no saben a qui√©n acudir o c√≥mo hablar de lo que pas√≥. De igual forma, este libro es de gran ayuda para los acompa√Īantes de las v√≠ctimas, para saber c√≥mo actuar, c√≥mo reconocer los signos, hasta qu√© punto intervenir y tambi√©n saber darles su espacio.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† El Papa Francisco ha reconocido este testimonio y ha promovido el libro, como un acto de responsabilidad ‚Äďm√≠nima a√ļn, por supuesto‚Äď contra tantos y tantos casos de pederastia perpetrados por miembros de la Iglesia.

Al final del libro, como un ap√©ndice, se incluye una entrevista con Jo√ęl Allaz, en donde reconoce sus cr√≠menes y habla sobre su propio proceso terap√©utico.

            Mientras más (nos) eduquemos, hablemos, compartamos, nos indignemos, nos sensibilicemos y nos protejamos los unos a los otros, ha de llegar el día en que ninguna persona sea agredida sexualmente. Ya basta.

Lo perdono, padre. Sobrevivir a una infancia rota

Daniel Pittet

Mensajero / Buena Prensa, México, 2017

 

 

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